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sábado, 22 de febrero de 2014

III Procesión a Lourdes

El día 20 de febrero, el Santo Padre Alejandro IX, acompañado por su séquito de cardenales y obispos, junto con el clero francés, seminaristas y fieles marchó hacia la gruta de Lourdes.
El Papa tenía la intención de celebrar la Santa Misa Tridentina, pero fue impedido por agentes de la secta satánica de Roma, que intentaron atacar al Vicario de Cristo. El Santo Padre, en persona dialogó con el encargado del lugar y le dijo que lo único que él y los fieles católicos deseaban era rezar tranquilos y en paz, sin ser molestados. Como era de esperarse, los agentes de la Gran Ramera exigieron la retirada de los verdaderos católicos, que, desde unos kilómetros de distancia, se pusieron de rodillas a rezar el Rosario en reparación, primero por las profanaciones que a diario ocurren en ese bendito lugar, y en segundo lugar, por los malos tratos dados al Papa y la comitiva.
El Papa pidió a todos los fieles presentes que se mantuvieran siempre juntos:

Debemos estar unidos, debemos permanecer unidos y firmes. El enemigo nos supera en número, pero si vosotros estáis siempre unidos bajo la guía de la Iglesia Católica Remanente y sois fieles al Santo Padre, la victoria estará de nuestro lado. Todo esto que vivimos hoy es una prueba de Dios.
¡Sed fieles!

miércoles, 12 de febrero de 2014

Llegada a Loudes

Carta del Santo Padre Alejandro IX a todos los fieles católicos
en virtud de la llegada al Santuario de Lourdes


Carísimos hijos,

Hoy, once de febrero, estamos aquí en Lourdes, Francia, junto con muchos cardenales, obispos y sacerdotes verdaderos y fieles de la Iglesia Católica Remanente, la Iglesia Verdadera. Hoy temprano hicimos una visita al Santuario de Nuestra Señora, y nos causó muchísimo dolor ver como un lugar sagrado ha sido tan profanado. Así como se profanó el Santuario de Loudes, se profanaron todos los templos. Hoy, queridos hermanos en la Verdad, tenemos que recordar aquellas palabras de San Atanasio: ellos tienen los templos, pero nosotros tenemos la fe.
Tenemos la fe Católica, la verdadera y la única que agrada a Dios. Los fieles, deben permanecer unidos a la Iglesia, puesto que sólo en ella podrán encontrar el consuelo de los sacramentos, sólo en ella podrán encontrar la salvación.
Hemos venido a Lourdes, pero aquí no pudimos celebrar la Santa Misa, sino en una sala que nos fue prestada por un fiel amigo. Trajimos a la Virgen todos nuestros pedidos, todas nuestras súplicas para que ella, medianera de todas las gracias, las entregue a Nuestro Señor Jesucristo.
Carísimos, el día 16 realizaremos una segunda procesión al Santuario y luego otra el 20, cuando ya los herejes modernistas se hayan retirado.
También quiero transmitirles hermosas noticias de parte de nuestro Seminario de Clémery. Como ustedes saben, a raíz de Nuestra visita, las ordenaciones fueron postergadas para que Nos podamos administrar las ordenes mayores a los quince diáconos que se convertirán en sacerdotes. Les ruego que no dejen de orar por estos jóvenes.
¡Queridos hijos! Orden por los sacerdotes y por éste humilde siervo de Dios.

Con mi bendición apostólica,

Alejandro IX PP

martes, 22 de octubre de 2013

Primera peregrinación a Lourdes

COMUNICADO OFICIAL DE LA SANTA SEDE
PRIMERA PEREGRINACIÓN A LA GRUTA DE LOURDES
DESDE LA RESTAURACIÓN DE LA SILLA DE SAN PEDRO


La Santa Iglesia Católica Apostólica Remanente anuncia la preparación de la primera peregrinación a Lourdes, encabezada por el Santo Padre Alejandro IX para el día 11 de febrero del año 2014 de la Gracia, cuando estará arribando a suelo francés el Papa Alejandro junto con los cardenales, obispos y sacerdotes en paz y comunión con la Iglesia. Se invita a todos los fieles que estén en condiciones de poder viajar, que acompañen al Santo Padre en éste histórico acontecimiento.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Carta de Su Santidad Alejandro IX a la Iglesia de Francia

Carta de Su Santidad Alejandro IX
A la Iglesia de Francia.

Queridos hermanos en Cristo Jesús:
Nuestro Señor Jesucristo, verdadero Dios y Verdadero hombre nos dio el Evangelio a fin de que lo transmitiéramos a toda nación, a toda lengua, a todas las gentes.
La Iglesia en Francia debe lucha a diario contra el modernismo, pero también contra el falso tradicionalismo. Debe luchar contra la Gran Ramera de Babilonia, pero también contra aquellos que son sus cómplices, aquellos que dicen ser católicos pero que reconocen al Anticristo Ratzinger como Papa legítimo en vez de denunciarlo como usurpador. Finalmente, existe un tercer grupo, enemigos a veces, aliados otras los tradicionalistas franceses que desconocen la Obra de la Dios por medio de la Iglesia que está en paz y comunión con Nos, Alejandro IX. Este tercer grupo se divide entre los sedevacantistas y los seguidores de algún antipapa que por allí aún pervive. Los últimos son herejes y deben ser dejados de lado, corresponde como hasta ahora se ha hecho el mantener la comunicación suficiente para amonestarlos y traerlos al redil de Nuestro Señor, con cuidado, no sea cosa que se infiltren en la Iglesia y quieran contaminarla con sus doctrinas perniciosas, enemigas de la Verdad. Respecto a los sedevacantistas, es necesario como siempre tener cierto diálogo, porque de entre ellos hemos surgido nosotros, porque predican la verdad, pero niegan la existencia del Papa esperando aún que se elija a aquel que ya ha llegado. Conviene entonces, queridos hermanos que continuéis vosotros convirtiendo a los sedevacantistas como hasta ahora. Invitadlos como hacéis a las conferencias, visitadlos, buscad el diálogo pro sin nunca disimular que nosotros sabemos que la Sede no está vacante, antes bien, Pedro tiene sucesor en Nos.
Nos hemos sido informados de la gran labor que se ha realizado en Francia, de cómo la Iglesia ha crecido, principalmente por el trabajo conjunto entre el clero y el pueblo cristiano. ¿Existe acaso algo mejor que ello? Si algo nos enseñó la crisis que implicaron los años del Concilio fue aquel problema en el cual nos vimos cuando el pueblo admitió todas las herejías emanadas del Conciliabulo por el sólo hecho de que autoridades oficiales (oficiosas) las promulgaban. El pueblo se desentendió de la verdad, pero ahora no ocurre lo mismo, ahora tenemos otra situación, ahora nosotros, tenemos a un pueblo que conoce la doctrina, que la enseña a sus hijos, tenemos un ejercito de sacerdotes que saben muy bien que es la Verdad y que es la Mentira y debemos mantener esta unidad pase lo que pase, cueste lo que cueste.
Los obispos en Francia deben saber que cuentan con todo Nuestro apoyo, las medidas que se adoptaron contra aquellos sacerdotes que habían salido de nosotros, pero que nunca fueron de los nuestros tienen completa aceptación de parte Nuestra. Deben ser expelidos de manera inmediata aquellos que introduzcan doctrinas nuevas o sospechosas de herejía y si son plenamente heréticas no debe perderse ni un minuto de tiempo: el hereje no forma parte de la Iglesia, está excomulgado por su mismo pecado y delito. La reciente salida de un grupo de sacerdotes no debe ser vista con dolor por los obispos, al contrario, deben sentirse reconfortados, porque las denuncias que realizaron los fieles demuestran hasta que punto la Gracia está entre los fieles de Francia. El dolor de los obispos, de los superiores es comprensible, pero también es admirable las acciones valientes que realizaron a fin de cortar el mal de raíz y de inmediato, más todavía en un país donde muchos son enviados a estudiar en nuestro Seminario Internacional. Cuando en Australia se dio, por la época de nuestro amado predecesor León XIV de Feliz memoria, una situación similar se intentó una solución por medio de paternales amonestaciones: del superior del seminario, del vicario episcoal luego, del Obispo más tarde y finalmente del mismo Papa. Pocos se atrevieron en aquel momento en decir cual era la solución: intervención del seminario, confiscación de todos los libros, interrogatorio a todos y a cada uno de los seminaristas y profesores y expulsión inmediata de los que adherían a la herejía. Las consecuencias de haber perdido tiempo son conocidas y hasta hoy existen: los que debieron ser expulsados terminaron yéndose por sí mismos, llevándose consigo bienes de la Iglesia y fundando en Hobart una suerte de monasterio, consiguieron se les consagrara un obispo y finalmente contactaron con aquel heresiarca que es el Padre Sebastián Fernández, enemigo de la Iglesia de Dios. En Francia fue tal la rapidez que los infiltrados no tuvieron tiempo de actuar: sorprendidos en su pecado fueron enviados a las parroquias y separados en calidad de ayudantes, creyendo que serían premiados, cuando se los recibió se les notificó que habían sido expulsados del seminario y se les entregó la carta de excomunión firmada por SER Cardenal Raphaël Auguste de la Compasión.
No sólo confirmamos estas acciones como justas y necesarias, sino que además cuentan con nuestra completa y total bendición.
Sabemos que el pueblo cristiano de Francia tiene grades pruebas, el Señor ha decidido probar a quienes son fieles y quienes están infiltrados, corresponderá a los cristianos verdaderos denunciar públicamente a aquellos que son traidores de la Iglesia en esta hora tan importante. Los sacerdotes deben continuar, como hasta ahora con su trabajo: en las parroquias, en las misiones que se van levantando día a día. Nos llegan informes y noticias, cada vez más numerosas de ciudades donde se erige primero un centro de Misa y luego una capilla, un priorato o directamente, como fue el caso de Limognes una parroquia. Ha sido nuestra decisión, además, previa consulta con la Curia el traslado del Arzobispo Primado a la ciudad de C. Ferrand, circunstancia que ya había sido tratada previamente por la delegación francesa que visitó la Santa Sede los días 22 al 28 de octubre.
¡Cuantas noticias felices llegaron de Francia! ¡Que alegría dio a nuestro corazón saber que esta nación heroica con un pueblo cristiano estaba luchando, más que nunca por la restauración de la Realeza de Nuestro Señor Jesucristo! Es por ello que no podemos sino recordarlos en nuestras oraciones de una manera más ferviente, así como también agradecerle a Dios por manteneros en la Gracia.
Sin más Nos despedimos de Vosotros, recordándolos en nuestras oraciones.

ALEXANDER IX
Dado en Villa María
A los 14 días del mes de septiembre del año MMXI de Nuestro Señor,

Carta de Su Santidad Alejandro IX a la Iglesia de Francia


Carta de Su Santidad Alejandro IX
A la Iglesia de Francia.


Queridos hermanos en Cristo Jesús:
Nuestro Señor Jesucristo, verdadero Dios y Verdadero hombre nos dio el Evangelio a fin de que lo transmitiéramos a toda nación, a toda lengua, a todas las gentes.

La Iglesia en Francia debe lucha a diario contra el modernismo, pero también contra el falso tradicionalismo. Debe luchar contra la Gran Ramera de Babilonia, pero también contra aquellos que son sus cómplices, aquellos que dicen ser católicos pero que reconocen al Anticristo Ratzinger como Papa legítimo en vez de denunciarlo como usurpador. Finalmente, existe un tercer grupo, enemigos a veces, aliados otras los tradicionalistas franceses que desconocen la Obra de la Dios por medio de la Iglesia que está en paz y comunión con Nos, Alejandro IX. Este tercer grupo se divide entre los sedevacantistas y los seguidores de algún antipapa que por allí aún pervive. Los últimos son herejes y deben ser dejados de lado, corresponde como hasta ahora se ha hecho el mantener la comunicación suficiente para amonestarlos y traerlos al redil de Nuestro Señor, con cuidado, no sea cosa que se infiltren en la Iglesia y quieran contaminarla con sus doctrinas perniciosas, enemigas de la Verdad.

Respecto a los sedevacantistas, es necesario como siempre tener cierto diálogo, porque de entre ellos hemos surgido nosotros, porque predican la verdad, pero niegan la existencia del Papa esperando aún que se elija a aquel que ya ha llegado. Conviene entonces, queridos hermanos que continuéis vosotros convirtiendo a los sedevacantistas como hasta ahora. Invitadlos como hacéis a las conferencias, visitadlos, buscad el diálogo pro sin nunca disimular que nosotros sabemos que la Sede no está vacante, antes bien, Pedro tiene sucesor en Nos.

Nos hemos sido informados de la gran labor que se ha realizado en Francia, de cómo la Iglesia ha crecido, principalmente por el trabajo conjunto entre el clero y el pueblo cristiano. ¿Existe acaso algo mejor que ello? Si algo nos enseñó la crisis que implicaron los años del Concilio fue aquel problema en el cual nos vimos cuando el pueblo admitió todas las herejías emanadas del Conciliabulo por el sólo hecho de que autoridades oficiales (oficiosas) las promulgaban. El pueblo se desentendió de la verdad, pero ahora no ocurre lo mismo, ahora tenemos otra situación, ahora nosotros, tenemos a un pueblo que conoce la doctrina, que la enseña a sus hijos, tenemos un ejercito de sacerdotes que saben muy bien que es la Verdad y que es la Mentira y debemos mantener esta unidad pase lo que pase, cueste lo que cueste.

Los obispos en Francia deben saber que cuentan con todo Nuestro apoyo, las medidas que se adoptaron contra aquellos sacerdotes que habían salido de nosotros, pero que nunca fueron de los nuestros tienen completa aceptación de parte Nuestra. Deben ser expelidos de manera inmediata aquellos que introduzcan doctrinas nuevas o sospechosas de herejía y si son plenamente heréticas no debe perderse ni un minuto de tiempo: el hereje no forma parte de la Iglesia, está excomulgado por su mismo pecado y delito. La reciente salida de un grupo de sacerdotes no debe ser vista con dolor por los obispos, al contrario, deben sentirse reconfortados, porque las denuncias que realizaron los fieles demuestran hasta que punto la Gracia está entre los fieles de Francia. El dolor de los obispos, de los superiores es comprensible, pero también es admirable las acciones valientes que realizaron a fin de cortar el mal de raíz y de inmediato, más todavía en un país donde muchos son enviados a estudiar en nuestro Seminario Internacional. Cuando en Australia se dio, por la época de nuestro amado predecesor León XIV de Feliz memoria, una situación similar se intentó una solución por medio de paternales amonestaciones: del superior del seminario, del vicario episcopal luego, del Obispo más tarde y finalmente del mismo Papa. Pocos se atrevieron en aquel momento en decir cual era la solución: intervención del seminario, confiscación de todos los libros, interrogatorio a todos y a cada uno de los seminaristas y profesores y expulsión inmediata de los que adherían a la herejía. Las consecuencias de haber perdido tiempo son conocidas y hasta hoy existen: los que debieron ser expulsados terminaron yéndose por sí mismos, llevándose consigo bienes de la Iglesia y fundando en Hobart una suerte de monasterio, consiguieron se les consagrara un obispo y finalmente contactaron con aquel heresiarca que es el apóstata sacerdote Sebastián Fernández, enemigo de la Iglesia de Dios. En Francia fue tal la rapidez, que los infiltrados no tuvieron tiempo de actuar: sorprendidos en su pecado fueron enviados a las parroquias y separados en calidad de ayudantes, creyendo que serían premiados, cuando se los recibió se les notificó que habían sido expulsados del seminario y se les entregó la carta de excomunión firmada por Su Eminencia el Cardenal Raphäel Auguste de la Compasión.

No sólo confirmamos estas acciones como justas y necesarias, sino que además cuentan con nuestra completa y total bendición.

Sabemos que el pueblo cristiano de Francia tiene grades pruebas, el Señor ha decidido probar a quienes son fieles y quienes están infiltrados, corresponderá a los cristianos verdaderos denunciar públicamente a aquellos que son traidores de la Iglesia en esta hora tan importante. Los sacerdotes deben continuar, como hasta ahora con su trabajo: en las parroquias, en las misiones que se van levantando día a día. Nos llegan informes y noticias, cada vez más numerosas de ciudades donde se erige primero un centro de Misa y luego una capilla, un priorato o directamente, como fue el caso de Limognes una parroquia. Ha sido nuestra decisión, además, previa consulta con la Curia el traslado del Arzobispo Primado de Francia, a la ciudad de C. Ferrand, circunstancia que ya había sido tratada previamente por la delegación francesa que visitó la Santa Sede los días 22 al 28 de octubre.

¡Cuantas noticias felices llegaron de Francia! ¡Que alegría dio a nuestro corazón saber que esta nación heroica con un pueblo cristiano estaba luchando, más que nunca por la restauración de la Realeza de Nuestro Señor Jesucristo! Es por ello que no podemos sino recordarlos en nuestras oraciones de una manera más ferviente, así como también agradecerle a Dios por manteneros en la Gracia.
Sin más Nos despedimos de Vosotros, recordándolos en nuestras oraciones e impartiéndoles Nuestra Bendición Apostólica,

Vuestro Siervo,
Alejandro
Dado en Villa María
A los 14 días del mes de septiembre del año MMXI de Nuestro Señor,