MENSAJE DE NAVIDAD
DEL AÑO 2012 DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO
DADO POR
SU SANTIDAD ALEJANDRO IX
SIERVO DE LOS SIERVOS DE DIOS
A TODOS AQUELLOS QUE ESTÁN EN PAZ Y COMUNIÓN
CON LA
SANTA SEDE APOSTÓLICA EN EL EXILIO
Queridos hermanos,
Hoy, como dice el Santo Evangelio nos ha nacido un Niño. Este Niño que
nos ha nacido es el mismo Dios que se recubre de naturaleza humana, que
ha venido a este mundo a vivir con nosotros para sufrir la brutal muerte
de la Cruz a fin de reconciliarnos con el Padre. Nos ha nacido un Niño,
pero como no había lugar para ellos en el albergue la Virgen debió dar a
luz en un pesebre, en un establo. ¿Cuántas veces hemos leído estos
pasajes? ¿Cuántas veces realmente reflexionamos sobre su significado y
los hemos aplicado a nuestra vida cotidiana?
La Sagrada Familia, inmensamente rica por estar inefablemente unida a
Dios sin embargo estaba rodeada de pobreza, pero eran felices porque les
había nacido un Salvador. Al igual los pastores de Belén, pobres que se
alegraron al oir que había llegado el Mesías. Lamentablemente en
nuestra Iglesia hay quienes anteponen la pobreza a las acciones, hay
quienes se quejan cada día, en cada carta, en cada comunicación con el
Santo Padre de las “dificultades económicas” de tal o cual comunidad, de
tal o cual diócesis, de tal o cual parroquia, como si lo único que
importara fuera lo material. Y hoy, queridos hermanos, la navidad se ha
convertido en un juego de mercado. ¡Ved los negocios y los comercios!
Una luz que nos ciega nos invita a comprar como si lo único que
importara fuera el vil tráfico. El mundo moderno, hedonista, alejado de
Dios, dominado por los Enemigos de Cristo, en el cual los deicidas se
reproducen cada día, los que se escandalizan de la encarnación y de la
Crucifixión han deformado el sentido de la navidad. Empero Nos, los
Católicos, debemos estar unidos, como la Sagrada Familia en el Pesebre a
Dios, Ominipotente Creador, Señor absoluto.
Como cada año, Nos, aprovechamos para hacer algunas reflexiones sobre la
Iglesia, su estado, sus necesidades en esta fecha. Quisiera brevemente
hacer algunas puntualizaciones.
Siempre llegan a nuestras manos solicitudes extremas, muchas veces de
los más fieles de entre los miembros de la Iglesia Militante, aquellos
que han dado muestras de gran fidelidad y gran celo por la Iglesia de
Dios. En algunas oportunidades, estas solicitudes aspiran a que Nos,
Alejandro IX castiguemos con exceso la tibieza de algunos. Sin embargo,
es el Señor Jesucristo quien vomitará de su boca a los tibios (Apoc III,
16) en su momento debido y Nos, su Vicario, no podemos ni debemos
excluir de los sacramentos a aquellos cuyas actitudes hayan sido
ambiguas en cierto momento y que luego solicitaron reconciliación e
intentaron reparar el mal.
Grave error y peligro el nuestro podría ser comenzar a expulsar de la
Iglesia Católica, movidos por nuestro capricho a quienes consideramos
“tibios”. Ese fue el error de Novaciano y también el origen de la secta
donatista. Normalmente no son estas cosas que se traten en los mensajes
de Navidad, empero movidos por la urgencia y deseosos de tranquilizar a
aquellos cuyo pecado mueve la conciencia y que aún no se han perdonado a
sí mismos queremos dar pública respuesta a la iniciativa que nuestro
muy amado y querido Cardenal Giovanni Garbini intentó, movido por el
celo de las cosas divinas, llevar adelante como una carta firmada por él
y por otros cardenales, arzobispos, obispos y sacerdotes que
solicitaban la excomunión de aquellos que, en los momentos más duros de
este año traicionaron al Cuerpo Místico de Cristo, insultaron la Silla
de Pedro y a su Vicario, pusieron dudas sobre los Príncipes de la
Iglesia e incluso causaron escándalo entre los fieles, perjudicando
enormemente a la Iglesia de Dios. El querido y amado Cardenal Garbini,
entonces, en su carta dirigida a Nos y firmada por muchos de los
Príncipes de la Iglesia solicitaba a Nos la excomunión de una serie de
personas que actualmente no son de nuestra plena confianza. Sin embargo,
Nos, Alejandro IX, Siervo de los Siervos de Dios, declaramos que es una
hipótesis erronea ya que la comunión con la Iglesia no se basa en el
entendimiento y buen ánimo con el Santo Padre sino en la fidelidad a
Cristo y el amor a Dios por sobre todas las cosas, así como al prójimo,
en cumplir con el Evangelio y ser fieles a la Tradición, así como el
estar sometidos a la Santa Sede. No corresponde al santo Padre romper la
comunión con una persona por no ser de su agrado, sino únicamente por
su infidelidad la la Fe y a Cristo Nuestro Señor. Aquel que traiciona a
Cristo, tal como lo hizo el Beatísimo Pedro, más se arrepiente, no puede
ser contado entre los impíos, como si ocurrió con Judas Iscariote,
quien desesperó y por eso fue condenado al Fuego Inextinguible. Nos, por
nuestra parte, queremos hoy llamaron a todos vosotros al entendimiento,
a la comprensión y también al perdón mutuo. Nuestro Señor dijo en el
Sermón de la Montaña que así como nosotros perdonemos a nuestros
deudores, seremos perdonados, de la misma manera que debemos rezar y
pedir el bien para aquellos que nos hacen el mal (Lc VI, 27-36), porque
debemos ser misericordiosos como lo es el Padre, porque si Dios, que es
omnipotente, eterno y perfecto decidió salvar al linaje de Adán, cuya
naturaleza quedó derruida con el Pecado ¿Qué derecho tenemos en cerrar
las puertas de aquellos que, arrepentidos, vuelven a la Casa del Padre?
Antes bien, celebremos por aquellos que estaban muerto y que han vuelto a
la vida (Lc XV, 24).
Corresponde además dar cuenta a todos vosotros, carísimos hermanos de
hermosos sucesos relacionados con lo anteriormente dicho. La Santa
Iglesia Católica ha recibido a los llamados “Padres de Moreno” en su
seno y hoy se encuentran aquí, con nosotros en la Santa Sede en el
Exilio para celebrar la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo. Monseñor
Claudio María de la Compasión ha sido restablecido en la Orden de
Nuestra Señora de la Compasión y los obispos que él consagró recibieron
de Nuestras propias manos la bendición luego de que juraron lealtad
absoluta al Sucesor de San Pedro. Hoy, estos obispos son comisionados
para llevar el Evangelio a Tierras lejanas, algunas que jamás escucharon
la Verdad y que no conocen a Dios. Estos hombres, que solicitaron
ingresar a la Iglesia como meros laicos, sin pedir prerrogativas ni
honores, profundamente dolidos por su culpa, pero que insistieron en que
deseaban ser hijos fieles de la Iglesia se sientan a nuestra mesas como
los amigos que son. No podemos dejar de mencionar la enorme labor que
realizó nuestro muy amado hermano, el Cardenal Emilio Javier de la
Compasión, quien llevó adelante las negociaciones que bien pronto
reconocimos que era meramente canónicas y pastorales, ya que entre ellos
y Nos no había diferencia dogmática. También el Cardenal Alexander de
la Compasión, Prefecto del Santo Oficio y que ha realizo un largo viaje
por Centroamérica, visitando nuestras pequeñas diócesis ha colaborado
con nuestro Secretario de Estado en estas labores.
El fracaso de las conversaciones con los sedevacantistas era esperado
por algunos Cardenales. Sin embargo, quiero insistir en la enorme y
hermosa labor que la comisión al efecto ha realizado. Ellos buscaron la
unidad en la Verdad y por eso recibirán su recompensa, empero, los
modernos quietistas, que ni intentan siquiera convertir a nadie,
conocerán la Justicia del Señor. La Iglesia de Dios es Madre y Maestra,
acoge a los descarriados, llama a los perdidos porque esa es la misión
que Dios le encomendó. Nos, Alejandro IX, Siervo de los Siervos de Dios
puedo deciros hoy que hemos iniciado conversaciones con otros grupos
“tradicionalistas”, incluso con el recientemente consagrado David Bawden
quien se proclama “Papa Miguel I” con el objeto de una agenda común,
porque deseamos que el Cisma de los Tradicionalistas termine y todos
puedan estar reunidos en derredor del Altar de Dios.
Finalmente debemos mencionar el dolor que sentimos por la grave
situación de los palmarianos que han salido de la Iglesia. De la Iglesia
que es Luz, la Luz que habitó entre nosotros. Tenemos dos opciones,
carísimos. O abandonamos a Cristo y nos sumimos en la obscuridad o nos
aferramos al Hijo de Dios que ha nacido y nos elevamos de nuestra
miserable condición humana. Hoy, especialmente hoy quiero invitaros a
todos vosotros a orar a para que Cristo, quien siendo inmensamente rico
se hizo pobre nazca en nuestros corazones y nos llene de Gracia.
Ave María Purísima.