Comunicado del SE Aristóteles Cardenal Papaloupos,
Prefecto de la Sagrada Congregación de Iglesias Orientales.
A propuesta de una reforma de las congregaciones que intermedian entre la Santa Sede y las Iglesias de Rito Oriental
La
reciente comunión con la Iglesia Sirio-Malankara y la designación del
Catolicós ha llevado a un proceso de reorganización de la Curia y por
ello mismo, la Congregación de las Iglesia Orientales, de las cuales yo
fuera nombrado Prefecto en la época de nuestro Amado León XIV debió ser
reorganizada, ya que, con la muerte del Venerado Pontífice yo partí a
Oriente a fin de poder trabajar en misiones que habíamos tratado de
levantar allí con la ayuda de Dios Omnipotente.
No corresponde aquí
mencionar los hermosos frutos que tuvimos, tanto en Grecia, Albania,
Turquía, Jordania o Irán e Irak, donde hoy, centenares de almas se
encuentran en paz y comunión con la Santa Sede en el Exilio y han
recibido, como es debido, el cuidado pastoral de los sacerdotes fieles
al Magisterio de la Iglesia, que se expresa por la boca de Su Santidad
Alejandro IX. Hoy, hay monasterios e Iglesias donde antes solo había
desolación, miedo y muerte. Empero, Su Santidad decidió llamarme desde
el “exilio” como algunos de mis hermanos cardenales se referían al
trabajo que, con tanto empeño me había dedicado desde que asumiera la
Sede Papal Monseñor Juan Bautista Bonetti. Uno de los motivos por los
cuales se hizo imperativo, según se me informó en aquel momento, mi
retorno a Argentina y poster radicación en Villa María, General
Rodriguez, a la par del Papa Alejandro, fue que cada vez teníamos más
solicitudes de comunidades de rito oriental que deseaban entrar en
comunión con nosotros. En virtud de que yo me crié en una familia
uniata, que realicé mis estudios en un monasterio católico romano de
rito oriental para luego salir y luchar por la Verdadera Tradición y por
mis servicios durante el Conclave Milagroso del Año 2006, fue que el
Papa Alejandro IX me insistió en reocupar la Congregación de las
Iglesias Orientales.
Por medio de un decreto especial de Su Santidad
fue re-eregida la congregación y se me ordenó su reorganización. No ha
sido tarea simple, pero he tratado de realizar mis tareas de la manera
más eficiente que pude. Sin embargo, he notado que varias de las
atribuciones propias de la Congregación de las Iglesias Orientales eran
compartidas con la Secretaria de Estado, cargo de mi hermano el
Cardenal Emilio Javier de la Compasión, la Congregación de China e
Iglesias Orientales, dirigida por el ilustrísimo Cardenal Pablo de la
Compasión y la Congregación de Propaganda Fide a cargo de mi otro muy
querido hermano el Cardenal Giovanni Garbini.
Viendo esta
superposición, solicité a mi amigo y hermano en el episcopado, Monseñor
Agustín Zenteno, que, como Economista me diera su impresión y análisis a
fin de presentarlo al Papa. Así fue que luego de mucho estudio,
reflexión y asesoramiento, solicité a Su Santidad que uniera esta
congregación que yo presido con alguna de las anteriores, poniendo
además a su disposición mi renuncia.
He solicitado además, a Su
Santidad el permiso de explicarle esto a todos los fieles, especialmente
a aquellos de Rito Oriental que hubieran caído de alguna manera bajo mi
gobierno. Sepan ustedes, queridos hermanos que la función de la
congregación era solamente servir de enlace entre ustedes y el Papa y no
erigir una instancia jerárquica paralela que funcionara como una
barrera. El Papa Alejandro IX decidió por su parte dar curso a mi
propuesta, empero enmarcada en algo mucho mayor, una reforma integral de
toda la curia.
Espero como ustedes que el Papa Alejandro, iluminado
por el Espíritu Santo provea a las Iglesias Orientales de un medio único
de comunicación, eficiente y rápido que agilice la comunicación entre
la Santa Sede en el Exilio y el clero de rito oriental. Ruego a Dios que
el Papa instrumente los medios necesarios para una reforma integral que
le de a estas Iglesias de las cuales yo formo parte, una estructura
única, conservando cada una su autonomía en paz y comunión con la Santa
Sede.
Sin más, me despido de todos ustedes encomendándome a vuestras oraciones,
En Cristo Jesús.
SE Aristóteles Cardenal Papaloupos.