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jueves, 1 de enero de 2015
Mensaje de fin de año del Papa Alejandro IX
Queridos hermanos en Cristo,
Otro año se va, el mundo sigue girando, las cosas pasan, pero la Verdadera Iglesia Católica, que es la Iglesia Católica Apostólica Remanente, sigue como siempre, firme y fiel, congregada, como hoy, por este humilde Siervo de los Siervos de Dios.
No fue un año fácil para nosotros. Fue un año de trabajo muy arduo, de grandes luchas, de terribles combates por restaurar todo aquello que el Anticristo profana y destruye, especialmente ahora que ha llegado el Gran Antipapa. Ante el antipapa, el Papa debe permanecer firme y fiel a la verdad pastoreando a la Iglesia Católica Remanente, la única Iglesia Verdadera. Como cada año, sufrimos la prueba de la deserción: cinco sacerdotes y un obispo se han retirado de la Iglesia y sobre ellos ha caído la condena de la excomunión por la gravísima traición que cometieron al violar las leyes que la Iglesia estableció para su gobierno. ¿Cómo pueden los hombres pretender violar los designios de la Santa Madre Iglesia? ¿Cómo pueden creer que Dios manda imposibles, por medio de su Iglesia? ¿Cómo se pueden atrever a insinuar que el Papa puede errar en sus decretos sobre moral o fe? Porque si el Papa errara en moral o fe ya no sería Papa, sino que perdería su cargo como hicieron los Antipapas de la Secta Judeobolchevique del Vaticano II.
Como bien sabéis este año 2014 se aplicaron importantes reformas a nivel de gobierno: se simplificó la curia y sus oficinas, inspirados en el Sínodo Extraordinario de Villa María del año 2013 en el cual, los obispos y prelados venidos de lejanas tierras trajeron a Nos los clamores del rebaño oprimido por el Príncipe de Este Mundo y por todos sus secuases y agentes. Uno de los grandes temas fue el de la unidad de disciplina del clero. Por ello es que se ha procedido a la progresiva disolución de todas las ordenes religiosas con la sóla ecepción de la Orden de Nuestra Señora de la Compasión, a la que han sido incorporados todos aquellos religiosos, sacerdotes y obispos que deseaban vivir según una regla y no como clerigos seculares. La prohibición expresa de admitir nuevos miembros o erigir nuevas congregaciones seguirá para siempre. Ya no son necesarias nuevas ordenes religiosas, sino que, por el contrario, es necesario una mayor y profunda unidad en el gobierno de todo el clero. Por ello, aquellos sacerdotes y religiosos que pidieron a Nos, mantenerse en su estado, fueron enclaustrados y hoy prestan un invalorable servicio a la Santísima Iglesia Católica Apostólica Remanente, rezando por ella.
También quisieramos hacer mención a la unificación de los planes de estudios en los seminarios y la reducción del tiempo de estudio. Los sacerdotes están siendo formados ahora únicamente por sacerdotes en vistas del ministerio sacerdotal, porque la filosofía y la teología pueden esperar, pero lo que no pueden esperar es la celebración de la Santa Misa. Por ello, queridísimos hermanos, esperamos que en los próximos años el número de nuestros sacerdotes aumente a los previos a la muerte de nuestro Venerado y Amadísimo Predecesor de Gloriosa y Feliz Memoria, El Papa León XIV. Aún recordamos como en los primeros tiempos había tantos sacerdotes y obispos tan jóvenes, pero no olvidamos como el Demonio los hizo apostatar y muchos de ellos hoy siguen excomulgados, porque se siguen negando a admitir sus errores y sus pecados contra la Unidad de la Santa Iglesia Católica Apostólica Remanente.
Todas estas reformas y cambios han llevado a que la Iglesia, si bien es más pequeña en número sea más fuerte que antes. Sí, la Iglesia está mucho más fuerte. Sabemos que tenemos al Espíritu Santo y que muy pronto se completará el triunfo de Cristo sobre el mundo y las falsas religiones que adoran a Satanás.
Como cada año, hermanos, los aliento a que continuemos entregándonos a Dios y que, con fe, con fuerza y con esperanza, sigamos adelante, fieles a la Verdadera Iglesia.
Dado en Villa María,
a los 31 días del mes de diciembre del año MMXIV de la Gracia
VI de Nuestro Pontificado
lunes, 10 de marzo de 2014
Despedida del Santo Padre de Francia
En el día de hoy, el Papa Alejandro IX se despidió de la iglesia católica francesa.
Congregados más de 200 fieles llegados de todas partes de aquel, en otro tiempo, cristiano país, recibieron la bendición apostólica en el Seminario de Clémery, junto con los 15 nuevos sacerdotes ordenados por el Sumo Pontífice.
El Papa exhortó a los franceses a permanecer unidos en la Iglesia y ser firmes en la fe:
¡En cuantos, carísimos hermanos se enfrió aquel amor primero! Pero vosotros habéis resistido hasta hoy y seguiréis resistiendo, firmes y fuertes en la fe verdadera. Pero para ello debéis estar atados, sujetos a la Verdadera Iglesia Católica que es la Iglesia Católica Apostólica Remanente y a la autoridad de este servidor humilde e indigno, que por la Gracia de Dios, fue elevado al cargo de Vicario de Cristo.
...Todos ustedes tienen la oportunidad de restaurar la fe en sus trabajos, en sus escuelas, en todos los rincones de Francia. Es vuestro compromiso, es vuestra obligación...
...¡Qué privilegio, carísimos hermanos! En Francia es donde Dios quiso poner su principal seminario para formar a los verdaderos y únicos sacerdotes católicos que hoy quedan en el mundo. ¿Cómo es que no agradecéis este don precioso? ¿Cómo es que habéis dejado pasar semejante gracia? Yo os he preguntado en más de una ocasión ¿habéis sostenido al seminario? ¿habéis contribuído con la formación sacerdotal? Veo a muchos de ustedes con las mejores galas, aquí, para despedirnos, pero ¿Y si hubierais entregado ese dinero a esta hermosa casa de formación? Quizás dos sacerdotes más estarían hoy aquí...
Estos sacerdotes recientemente ordenados, están prestos para luchar y combatir. Vosotros debéis escucharles, debéis obedecerles, debéis asistirles. Ellos deben transmitir la doctrina fielmente y así, con firmeza y con fuerza, el catolicismo volverá a reinar en toda Francia y en todo el mundo.
Congregados más de 200 fieles llegados de todas partes de aquel, en otro tiempo, cristiano país, recibieron la bendición apostólica en el Seminario de Clémery, junto con los 15 nuevos sacerdotes ordenados por el Sumo Pontífice.
El Papa exhortó a los franceses a permanecer unidos en la Iglesia y ser firmes en la fe:
¡En cuantos, carísimos hermanos se enfrió aquel amor primero! Pero vosotros habéis resistido hasta hoy y seguiréis resistiendo, firmes y fuertes en la fe verdadera. Pero para ello debéis estar atados, sujetos a la Verdadera Iglesia Católica que es la Iglesia Católica Apostólica Remanente y a la autoridad de este servidor humilde e indigno, que por la Gracia de Dios, fue elevado al cargo de Vicario de Cristo.
...Todos ustedes tienen la oportunidad de restaurar la fe en sus trabajos, en sus escuelas, en todos los rincones de Francia. Es vuestro compromiso, es vuestra obligación...
...¡Qué privilegio, carísimos hermanos! En Francia es donde Dios quiso poner su principal seminario para formar a los verdaderos y únicos sacerdotes católicos que hoy quedan en el mundo. ¿Cómo es que no agradecéis este don precioso? ¿Cómo es que habéis dejado pasar semejante gracia? Yo os he preguntado en más de una ocasión ¿habéis sostenido al seminario? ¿habéis contribuído con la formación sacerdotal? Veo a muchos de ustedes con las mejores galas, aquí, para despedirnos, pero ¿Y si hubierais entregado ese dinero a esta hermosa casa de formación? Quizás dos sacerdotes más estarían hoy aquí...
Estos sacerdotes recientemente ordenados, están prestos para luchar y combatir. Vosotros debéis escucharles, debéis obedecerles, debéis asistirles. Ellos deben transmitir la doctrina fielmente y así, con firmeza y con fuerza, el catolicismo volverá a reinar en toda Francia y en todo el mundo.
miércoles, 12 de febrero de 2014
Llegada a Loudes
Carta del Santo Padre Alejandro IX a todos los fieles católicos
en virtud de la llegada al Santuario de Lourdes
Carísimos hijos,
Hoy, once de febrero, estamos aquí en Lourdes, Francia, junto con muchos cardenales, obispos y sacerdotes verdaderos y fieles de la Iglesia Católica Remanente, la Iglesia Verdadera. Hoy temprano hicimos una visita al Santuario de Nuestra Señora, y nos causó muchísimo dolor ver como un lugar sagrado ha sido tan profanado. Así como se profanó el Santuario de Loudes, se profanaron todos los templos. Hoy, queridos hermanos en la Verdad, tenemos que recordar aquellas palabras de San Atanasio: ellos tienen los templos, pero nosotros tenemos la fe.
Tenemos la fe Católica, la verdadera y la única que agrada a Dios. Los fieles, deben permanecer unidos a la Iglesia, puesto que sólo en ella podrán encontrar el consuelo de los sacramentos, sólo en ella podrán encontrar la salvación.
Hemos venido a Lourdes, pero aquí no pudimos celebrar la Santa Misa, sino en una sala que nos fue prestada por un fiel amigo. Trajimos a la Virgen todos nuestros pedidos, todas nuestras súplicas para que ella, medianera de todas las gracias, las entregue a Nuestro Señor Jesucristo.
Carísimos, el día 16 realizaremos una segunda procesión al Santuario y luego otra el 20, cuando ya los herejes modernistas se hayan retirado.
También quiero transmitirles hermosas noticias de parte de nuestro Seminario de Clémery. Como ustedes saben, a raíz de Nuestra visita, las ordenaciones fueron postergadas para que Nos podamos administrar las ordenes mayores a los quince diáconos que se convertirán en sacerdotes. Les ruego que no dejen de orar por estos jóvenes.
¡Queridos hijos! Orden por los sacerdotes y por éste humilde siervo de Dios.
Con mi bendición apostólica,
Hoy, once de febrero, estamos aquí en Lourdes, Francia, junto con muchos cardenales, obispos y sacerdotes verdaderos y fieles de la Iglesia Católica Remanente, la Iglesia Verdadera. Hoy temprano hicimos una visita al Santuario de Nuestra Señora, y nos causó muchísimo dolor ver como un lugar sagrado ha sido tan profanado. Así como se profanó el Santuario de Loudes, se profanaron todos los templos. Hoy, queridos hermanos en la Verdad, tenemos que recordar aquellas palabras de San Atanasio: ellos tienen los templos, pero nosotros tenemos la fe.
Tenemos la fe Católica, la verdadera y la única que agrada a Dios. Los fieles, deben permanecer unidos a la Iglesia, puesto que sólo en ella podrán encontrar el consuelo de los sacramentos, sólo en ella podrán encontrar la salvación.
Hemos venido a Lourdes, pero aquí no pudimos celebrar la Santa Misa, sino en una sala que nos fue prestada por un fiel amigo. Trajimos a la Virgen todos nuestros pedidos, todas nuestras súplicas para que ella, medianera de todas las gracias, las entregue a Nuestro Señor Jesucristo.
Carísimos, el día 16 realizaremos una segunda procesión al Santuario y luego otra el 20, cuando ya los herejes modernistas se hayan retirado.
También quiero transmitirles hermosas noticias de parte de nuestro Seminario de Clémery. Como ustedes saben, a raíz de Nuestra visita, las ordenaciones fueron postergadas para que Nos podamos administrar las ordenes mayores a los quince diáconos que se convertirán en sacerdotes. Les ruego que no dejen de orar por estos jóvenes.
¡Queridos hijos! Orden por los sacerdotes y por éste humilde siervo de Dios.
Con mi bendición apostólica,
Alejandro IX PP
martes, 31 de diciembre de 2013
Mensaje de fin de año del Santo Padre Alejandro IX (2013)
MENSAJE DE FIN DE AÑO DEL SANTO PADRE ALEJANDRO IX
LEÍDO EN LA HOMILÍA DE LA MISA EN ACCIÓN DE GRACIAS
DEL DÍA 31 DE DICIEMBRE DEL AÑO MMXIII DE LA ENCARNACIÓN
Queridos hermanos en Cristo,
Hoy los he convocado a todos ustedes para expresarles nuestras reflexiones luego de un arduo año de trabajo. Bien sabéis que, desde la Restauración del Trono de Pedro, Satanás intenta destruir todo lo que sea sagrado con mucha más furia. ¿Por qué? ¿Por qué Satanás y sus demonios intentan destruir la Iglesia Remanente? La respuesta es simple: porque somos la única Iglesia Verdadera.
Cuando tras la terrible traición del ex cardenal Makarios, nos vimos obligados a convocar a un Sínodo Extraordinario aquí, en la Santa Sede, muchos propusieron que lo mejor sería que Nos renunciaramos y que el Sínodo decidiera quien debía conducir la Iglesia. Dicha solución, creímos entonces, sólo debilitaría más a la Iglesia, ya que el poder quedaría diluído en una asamblea sinodal y así retrocederiamos muchos años. ¿Qué valor habría tenido la elección de Su Santidad León XIV como Vicario de Cristo si el Papa se desfifgura como primer ministro que puede ser remplazado ante cualquier crisis? Nos, como Soberano Pontífice rechazamos categóricamente esa solución, pero reconocimos el grave error que hemos cometido al confiar en un traidor tan miserable como lo fue Dimitry Vladeci Pereira Sarmento. Creimos entonces que era sincero, creimos en aquel momento que amaba a la Iglesia y que era fiel al Papa, pero nos equivocamos, por eso corregimos el error y decidimos corar de raíz al enemigo de la Iglesia.
El Sínodo, carísimos hermanos trajo una gran alegría a la Iglesia. Se aclaró el panorama: quedó patente para todos quienes eran los católicos y quienes los infiltrados, se atendieron problemas urgentes y se tomaron medidas que requerían, por lo tanto, urgencia. Algunas de esas medidas no se hicieorn conocer, porque requerían mucha preparación para los fieles y también para los sacerdotes. Otras se hicieron expresas, ordenes que se remitieron a Europa sobre los exámenes y juramentos a los que deben someterse los seminaristas, decretos especiales a los Estados Unidos sobre los episcopalianos que vienen a la Iglesia. Es muy importante saber que hacer con la inmensa cantidad de personas que nos escriben a diario diciendo "¡Ustedes tienen la Verdad! ¡Déjennos entrar!" ¿Podemos acaso impedir que alguien se convierta a la Fe Católica? No, pero si podemos y tenemos que examinar con cuidado a esas personas, y sobre todo, evaluar con mucho cuidado si se les permitirá ejercer el ministerio sacerdotal.
También se ha convocado a los franciscanos, una de las ordenes religiosas con mayor cantidad de miembrosa fin de realizar un profundo exámen sobre su desempeño desde la restauración de la Silla Apostólica. Nos preguntamos muy seriamente sobre el estado de las ordenes, congregaciones e institutos, sobre su utilidad, sobre sus frutos. Por ello continuamos con la permanente reforma de la Santa Iglesia. Por ello, carísimos hermanos, no podemos dejar de luchar para que la Iglesia Católica Remanente continúe insistiendo en su reforma y corresponde a los obispos que la misma se aplique en cada diócesis, en cada parroquia... y a los fieles, hacerla efectiva, seguir unidos a la Iglesia de Dios.
Hoy, la Iglesia está mucho más fuerte. Sabemos que tenemos al Espíritu Santo y que muy pronto se completará el triunfo de Cristo sobre el mundo y las falsas religiones que adoran a Satanás.
Como cada año, hermanos, los aliento a que continuemos entregándonos a Dios y que, con fe, con fuerza y con esperanza, sigamos adelante, fieles a la Verdadera Iglesia.
Hoy los he convocado a todos ustedes para expresarles nuestras reflexiones luego de un arduo año de trabajo. Bien sabéis que, desde la Restauración del Trono de Pedro, Satanás intenta destruir todo lo que sea sagrado con mucha más furia. ¿Por qué? ¿Por qué Satanás y sus demonios intentan destruir la Iglesia Remanente? La respuesta es simple: porque somos la única Iglesia Verdadera.
Cuando tras la terrible traición del ex cardenal Makarios, nos vimos obligados a convocar a un Sínodo Extraordinario aquí, en la Santa Sede, muchos propusieron que lo mejor sería que Nos renunciaramos y que el Sínodo decidiera quien debía conducir la Iglesia. Dicha solución, creímos entonces, sólo debilitaría más a la Iglesia, ya que el poder quedaría diluído en una asamblea sinodal y así retrocederiamos muchos años. ¿Qué valor habría tenido la elección de Su Santidad León XIV como Vicario de Cristo si el Papa se desfifgura como primer ministro que puede ser remplazado ante cualquier crisis? Nos, como Soberano Pontífice rechazamos categóricamente esa solución, pero reconocimos el grave error que hemos cometido al confiar en un traidor tan miserable como lo fue Dimitry Vladeci Pereira Sarmento. Creimos entonces que era sincero, creimos en aquel momento que amaba a la Iglesia y que era fiel al Papa, pero nos equivocamos, por eso corregimos el error y decidimos corar de raíz al enemigo de la Iglesia.
El Sínodo, carísimos hermanos trajo una gran alegría a la Iglesia. Se aclaró el panorama: quedó patente para todos quienes eran los católicos y quienes los infiltrados, se atendieron problemas urgentes y se tomaron medidas que requerían, por lo tanto, urgencia. Algunas de esas medidas no se hicieorn conocer, porque requerían mucha preparación para los fieles y también para los sacerdotes. Otras se hicieron expresas, ordenes que se remitieron a Europa sobre los exámenes y juramentos a los que deben someterse los seminaristas, decretos especiales a los Estados Unidos sobre los episcopalianos que vienen a la Iglesia. Es muy importante saber que hacer con la inmensa cantidad de personas que nos escriben a diario diciendo "¡Ustedes tienen la Verdad! ¡Déjennos entrar!" ¿Podemos acaso impedir que alguien se convierta a la Fe Católica? No, pero si podemos y tenemos que examinar con cuidado a esas personas, y sobre todo, evaluar con mucho cuidado si se les permitirá ejercer el ministerio sacerdotal.
También se ha convocado a los franciscanos, una de las ordenes religiosas con mayor cantidad de miembrosa fin de realizar un profundo exámen sobre su desempeño desde la restauración de la Silla Apostólica. Nos preguntamos muy seriamente sobre el estado de las ordenes, congregaciones e institutos, sobre su utilidad, sobre sus frutos. Por ello continuamos con la permanente reforma de la Santa Iglesia. Por ello, carísimos hermanos, no podemos dejar de luchar para que la Iglesia Católica Remanente continúe insistiendo en su reforma y corresponde a los obispos que la misma se aplique en cada diócesis, en cada parroquia... y a los fieles, hacerla efectiva, seguir unidos a la Iglesia de Dios.
Hoy, la Iglesia está mucho más fuerte. Sabemos que tenemos al Espíritu Santo y que muy pronto se completará el triunfo de Cristo sobre el mundo y las falsas religiones que adoran a Satanás.
Como cada año, hermanos, los aliento a que continuemos entregándonos a Dios y que, con fe, con fuerza y con esperanza, sigamos adelante, fieles a la Verdadera Iglesia.
Dado en Villa María,
a los 31 días del mes de diciembre del año MMXIII de la Gracia
V de Nuestro Pontificado
martes, 24 de diciembre de 2013
Mensaje de Navidad (2013) del Papa Alejandro IX
En éste
mundo, cada día más cubierto por las tinieblas y más unido a Satanás, brilla
una luz que nos da esperanzas y nos recuerda que nuestra lucha no es vana, sino
que tendrá un fin glorioso y victorioso. La Navidad de Nuestro Señor es la Luz de la Esperanza, porque se nos
anuncia el nacimiento de un Niño, la irrupción del Verbo quien habita entre
nosotros.
Hoy, carísimos
hijos, Jesucristo renueva, restaura y nos trae luz y alegría. La Navidad nos recuerda que
Dios no nos puede abandonar, que esá con nosotros y en Nosotros permanece.
Que la luz
brille sobre todos ustedes, fieles de la Santa Iglesia Católica Apostólica
Remanente.
Con Nuestra
Bendición Apostólica,
Alejandro
IX.
Siervo de
los Siervos de Dios.
Dado en
Villa María, el 24 de Diciembre del año 2013 de Nuestro Señor Jesucristo.
V de Nuestro Pontificado.
lunes, 2 de septiembre de 2013
Clausura del Sinodo de Villa María
SERMÓN DE SU SANTIDAD ALEJANDRO IX
INFORMANDO SOBRE EL CIERRE DEL
SÍNODO EXTRAORDINARIO DE VILLA MARÍA
Queridos hermanos en Cristo,
Nos, Alejandro IX dimos por concluido en el el Sínodo de Villa María, convocado en virtud de nuestra autoridad el día 18 de mayo del corriente año 2013 de la Gracia por medio del Motu Proprio Nemo Vestrum Ignorat.
La reunión sinodal se llevo a cabo en paz y en alegría, con mucho trabajo y oración, porque somos conscientes, todos los aquí reunidos, de que la Iglesia Remanente atravesó una nueva crisis, pero que de ella ha salido nuevamente victoriosa. Pero no podemos creer que todo se soluciona por medio de declaraciones, de decretos y de ordenes, tenemos que prever situaciones como las que sufrimos, tenemos que estar atento ante los infiltrados, ante los hipócritas, ante los ladrones, ante los fornicarios ante los adoradores de Satanás que se encuentran, muchas veces, cerca de lo más santo esperando el momento para dar un nuevo golpe, como lo hicieron tras la muerte de San Pío XII.
Por ello, carísimos hermanos, obispos, sacerdotes, fieles, hoy clausuramos el Sínodo, conscientes de que continuaremos trabajando en las líneas que hemos programado.
A los Cardenales que permanecen a Nuestro lado: cuidad aquellas porciones del gobierno que fueron confiadas a vosostros. Porque la Santa Iglesia depende de vosotros y vosotros dependéis de Nos. Vuestros cargos son un signo de confianza, no la traicionéis.
A los obispos, los que se quedan y los que se marchan a sus diócesis y misiones, Dios entregó ovejas para que las cuidéis. Sed celosos de vuestras diócesis, cuidada a los fieles y vigilad a los sacerdotes. Escuchan a vuestros clérigos que están cerca de los fieles.
A los sacerdotes, a ustedes la Iglesia les encarga el gobierno de las parroquias, las misiones, las capillas... a ustedes la Iglesia les pide fidelidad y vigilancia. Fidelidad al Santo Padre, vigilancia sobre los fieles, porque ellos solos, sin la Iglesia de la cual sois ministros, no pueden salvarse.
Ahora, carísimos hijos, entonaremos el Te Deum en acción de Gracias por éste fructífero Sínodo reunido en Villa María.
Nos, Alejandro IX dimos por concluido en el el Sínodo de Villa María, convocado en virtud de nuestra autoridad el día 18 de mayo del corriente año 2013 de la Gracia por medio del Motu Proprio Nemo Vestrum Ignorat.
La reunión sinodal se llevo a cabo en paz y en alegría, con mucho trabajo y oración, porque somos conscientes, todos los aquí reunidos, de que la Iglesia Remanente atravesó una nueva crisis, pero que de ella ha salido nuevamente victoriosa. Pero no podemos creer que todo se soluciona por medio de declaraciones, de decretos y de ordenes, tenemos que prever situaciones como las que sufrimos, tenemos que estar atento ante los infiltrados, ante los hipócritas, ante los ladrones, ante los fornicarios ante los adoradores de Satanás que se encuentran, muchas veces, cerca de lo más santo esperando el momento para dar un nuevo golpe, como lo hicieron tras la muerte de San Pío XII.
Por ello, carísimos hermanos, obispos, sacerdotes, fieles, hoy clausuramos el Sínodo, conscientes de que continuaremos trabajando en las líneas que hemos programado.
A los Cardenales que permanecen a Nuestro lado: cuidad aquellas porciones del gobierno que fueron confiadas a vosostros. Porque la Santa Iglesia depende de vosotros y vosotros dependéis de Nos. Vuestros cargos son un signo de confianza, no la traicionéis.
A los obispos, los que se quedan y los que se marchan a sus diócesis y misiones, Dios entregó ovejas para que las cuidéis. Sed celosos de vuestras diócesis, cuidada a los fieles y vigilad a los sacerdotes. Escuchan a vuestros clérigos que están cerca de los fieles.
A los sacerdotes, a ustedes la Iglesia les encarga el gobierno de las parroquias, las misiones, las capillas... a ustedes la Iglesia les pide fidelidad y vigilancia. Fidelidad al Santo Padre, vigilancia sobre los fieles, porque ellos solos, sin la Iglesia de la cual sois ministros, no pueden salvarse.
Ahora, carísimos hijos, entonaremos el Te Deum en acción de Gracias por éste fructífero Sínodo reunido en Villa María.
Dado en Villa María,
A los 2 de septiembre del año 2013 de Nuestro Señor,
V de Nuestro Pontificado
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